Hoy, 23 de abril, es la Sant Jordi, un día muy relevante en Catalunya, pues además de celebrar a San Jorge, patrono del país, es el día (mundial) del libro, tradición que se originó allí. Es una fiesta por doquier, donde igual se bailan sardanas que se los castellers levantan torres humanas y por supuestos hay autores literarios firmando sus obras (felicito a mis varios ex compañeros que hoy han estado muy ocupados dedicando sus libros). La Sant Jordi es una fiesta identitaria que no logró ser apagada durante el régimen represivo de Franco. La otra gran fecha en el calendario catalán es la diada del 11 de septiembre, paradójicamente recuerda una derrota, la rendición de Barcelona en 1714 ante las tropas borbónicas y los castigos que le siguieron, despojando a los países catalanes de fueros e instituciones y en un afán de centralización de ninguneo de la lengua vernácula. Yo tengo raíces catalanas y me tocó vivir los últimos coletazos de la dictadura franquista. Tiendo pues, tratando de comprender otras realidades hacer paralelos con mi experiencia y realidad. Si alguna vez hubo una remota posibilidad de integración de Ucrania con Rusia, ésta desapareció con la violenta invasión por parte de Putin. Toda relación de pareja está hecha a base de amor, de intereses comunes, de compromisos, pero si hay desigualdad y abusos de una de las partes se llega a un punto de quiebre del cual no hay vuelta atrás. Portugal nace como un condado del reino gallego-leonés y conforme avanza la reconquista se declara en 1143 reino independiente, hecho aceptado a regañadientes por el reino de Castilla, pero sancionado finalmente por el papado. Por cuestiones dinásticas y líneas sucesorias la autonomía del reino de Portugal estuvo varias veces en entredicho. La batalla de Aljubarrota, cuando en 1385 los portugueses vencen a los castellanos, marca un hito en la identidad portuguesa. En conmemoración de esa victoria el rey Juan, fundador de la dinastía de Avis, mandó construir el bellísimo monasterio de Santa María de la Victoria en la Batalla a cuya sombra se desarrolló el actual pueblo de Batalha. Cerca de Aljubarrota está otro hermoso monasterio el de Alcobaça. Siglos más tarde, debido a otra crisis sucesoria, Portugal pasó a formar parte del imperio de los Habsburgo, con virreyes designados desde Madrid. Cien años duró esa unión ibérica, hasta que los nobles portugueses se rebelaron contra la desastrosa guerra que libraba España contra los Paisas Bajos, el conde de Braganza fue proclamado como João IV, rey de Portugal en 1668. Desde entonces Portugal ha mantenido su independencia, salvo durante el periodo de ocupación Napoleónica.

Fachada de la iglesia del monasterio de Alcobaza
Fachada principal del monasterio de Alcobaza
claustro del monasterio de Alcobaça
sepulcros de Inés de Castro y de Pedro I en el transepto del monasterio de Alcobaça
Sepulcro de Perdo I en Alcobaça
Sepulcro de Inés de Castro
detalle del sepulcro de Pedro I
Nave lateral de Santa María de Alcobaza
nave principal de Santa María de Alcobaza
capilla lateral
capilla de nuestra señora de Fátima en Santa María de Alcobaça
Naranjos en el clautro del monasterio de Alcobaza
fuente cubierta en el claustro del monasterio de Alcobaça
El claustro del monasterio de ALcobaça esmuy luminoso
entrada a la sala capitular en el calustro de Alcobaça